Medio año en Ticketbis

Recientemente he vivido el revuelo del post ese de “Lo siento, dejo la informática” (léase revuelo a que me ha llegado por twitter, facebook y un grupo de google del gremio). No puedo sentirme más identificado con él y, sin embargo, no puedo estar más en desacuerdo.

Llevo en el mundo de la informática profesionalmente desde el 2002. Antes de esa fecha, cacharrear con ordenadores me había llevado a hacer proyectos dirigidos en la universidad por partida doble. Ambos me dieron la oportunidad de empezar en una empresa pequeña (no sé si ahora se llamaría una startup, o se seguiría llamando, vete a saber), donde aprendí, sobre todo, a aprender. Aprender a resolver problemas utilizando las herramientas más adecuadas.

Después, cuando vi que a mi alrededor había más por aplicar por aprender, entré en el mundo de lo que más tarde acabó denominándose “cárnicas”. Aquí aprendí que “más adecuado”, “mejor solución” y “óptimo” son valores absolutamente relativos.

Y no, no es que desaprendiera lo anterior, simplemente, el universo de posibilidades donde puede haber un error crece exponencialmente con el tamaño de la empresa cliente y el número de personas que conforman la cadena entre el usuario que pide una solución para un problema, y el programador final que tiene que implementar dicha solución.

Esto no sería mayor problema de gestionar, si no fuera por nuestro querido y amado verdadero enemigo: el cambio*. El cambio de personas al cargo del proyecto en el cliente, el cambio de necesidades del propio cliente, el cambio en la cadena de personas entre quien pide la solución y quien la implementa, el cambio de personas que implementan la solución, …

*:en un proyecto cerrado

El * va con truco, ya que, obviamente, quien pide desde el cliente, pide una solución, y cuando algo no le encaja, las miradas acaban cayendo, pasando por cada eslabón de la cadena que les une, sobre quien la implementó. Y aquí es donde llegan los verdaderos problemas para el programador y, en general, para cualquiera que está en el lado del proveedor en la cadena. Cuantos más ojos te miran de un lado, y menos tengas al otro lado para mirar tú, peor; obviamente, el último está perdido.

Las presiones, descalificaciones, faltas de respeto, infravaloraciones del trabajo realizado, desmanes, gilip*lleces y verdaderos maltratos a los que se llegan son realmente alucinantes. Tanto, que muchos acaban llegando al post al que hacía referencia. De ahí (entre otras cosas), la altísima rotación de personal de las “cárnicas”, y la necesidad de acabar escapando, literalmente, de en lo que se ha convertido el negocio de la informática.

Personalmente, he vivido muchas de estas situaciones a las que acabas haciéndote de la mejor manera posible. También he visto muchos de esos casos que se reflejan en el post: personal muy cualificado que no ha podido más y simplemente ha tenido que dar un paso a un lado (que no atrás) al verse convertida una profesión, con un gran punto de vocación, en un verdadero sufrimiento.

En mi caso, mi huida a un lado no ha sido tanto como para abandonar el desarrollo de software, ha habido una opción diferente para mí: volver al modelo de empresa “pequeña” con un producto propio (y que funcione).

6 meses, parece que fue ayer

He tenido la gran suerte (con 6 meses de experimento, se pueden empezar a sacar conclusiones) de recaer en Ticketbis, donde el titular resumen de este medio año ha sido:

“Todo lo que siempre pensó que mejoraría la gestión de proyectos y nunca le dejaron aplicar”

Como transición desde lo anteriormente descrito, hacemos de nuestro enemigo un amigo (que decía Zaratustra), nos vamos de cañas con el cambio, y si hace falta le pagamos una ronda. Eso sí, con nuestras (del equipo de TI) propias normas: agilismo aplicado con Kanban.

Básicamente, en el departamento de TI, nos dividimos en células autónomas (que no independientes) autogestionadas (que no dictatoriales) cuyo cliente es otro departamento u otra célula. A este “cliente”, tan cercano que no hay más de cuatro personas en la cadena de la que hablábamos, es a quien debemos satisfacer, sin olvidarnos de la autosatisfacción (en forma de refactors, pagos de deuda técnica, etc…), dándonos a todos un mantenimiento de una aplicación, eje de (casi) toda la actividad de la empresa.

La ecuación es bastante clara si metemos el agilismo de por medio: agilismo + mantenimiento + equipos autogestionados = kanban.

Y Kanban más como una guía a seguir que como una religión impuesta. Y funciona.

Funciona desde el respeto a la labor de cualquiera de los trabajadores, desde la confianza mutua y del objetivo común de querer “optimizar”, “aplicar la mejor solución” o “más adecuada” en base a requisitos tan cercanos en una cadena suficientemente pequeña para que la incertidumbre, el cambio, pase de exponencial a modelable como una ecuación lineal.

Y como todo lo lineal, es más manejable, más previsible, más controlable y, sobre todo, más acotado si algo explota. Porque las cosas explotan. Y lo que importa no es el responsable de la explosión, que hoy serás tú y mañana seré yo; la verdadera cuestión es que nos arrimemos el hombro para solventar las situaciones que pasen y se resuelvan cuanto antes. Sin reproches, sin sospechas, con confianza, con honestidad.

Porque ante todo, todas las personas que integramos TicketbisEng tratamos de velar por el bienestar tecnológico de la empresa. Desde un test A/B a una integración con un nuevo medio de pago, desde un worker en python hasta un service de grails que integra al ERP.

Para ello, si es necesario involucrar a 10 desarrolladores delante de una pizarra durante 2 días, se hace. Si es necesario que varias personas piensen las soluciones por su lado para ponerlas luego en común, debatirlas, enfrentarlas y, sobre todo, enriquecerlas con las experiencias de los demás, se hace. Si es necesario aprender de uno u otro curso, proceso formativo, libro, ponencia, colaboración, se hace. He aprendido más (a nivel laboral, personalmente el truco es evitar convertirse en grasa…) en los últimos 6 meses que en los 6 años anteriores.

Y la motivación se maximiza si además de un entorno laboral muy bueno, encima ves a tu código marcar una diferencia: un 2% más de conversión, un email de agradecimiento del departamento de verificaciones por hacerles la vida mucho más fácil, otro de legal porque cumplimos perfectamente con las notificaciones de las cookies, una mejor gestión de la traducción de los literales de la aplicación a más de 40 idiomas que ayuda a edición, … y mil y una más que me dejaré en el tintero.

¿Y lo mejor de todo?

  • Testear hasta la saciedad nuevos medios de pago un viernes hasta las doce de la noche, con todo el equipo apoyando, cada uno desde su casa, comunicados por hangout con personal en Brasil… y hacerlo con alegría.

  • Afrontar una nueva semana de trabajo tras un fin de semana agotador en la Greach2014 sin el peso mental de medio día de descanso.

  • Llegar a agosto sin la imperiosa necesidad mental de vacaciones (sí por otro motivos, claro).

No tiene precio.

¿Crees que todo esto es imposible? ¿Que se trata de desvaríos de un viejo loco?

Ven y compruébalo, we are hiring!